miércoles, 18 de abril de 2018

Vidas medias

Un disco de los Fother Muckers (o Föther Möckers, como me gusta escribirlo) me espera en silencio a dos clics de distancia para aliviar una hora de estudio de farmacología. Entre lápices, destacadores y una libreta encuentro el mouse inalámbrico, apunto el cursor y disparo: la operación comienza. Un paper en inglés versus canciones en español, una decisión que es demasiado obvia para un cerebro tan inquieto. Pero, rato después, la concentración llega a duras penas y entre riffs y solos de guitarra voy conectando moléculas con receptores, enzimas de impronunciables siglas con traducciones rápidas a punta de googleo; aprendiendo trabalenguas que simulan ser medicamentos nuevos; conociendo a investigadores gringos, europeos y asiáticos et al., que no tardo en imaginar con corbatas y delantales. Intentando plasmar los conocimientos nuevos, lleno una hoja de la libreta con palabras y garabatos escritos con un lápiz a punto de secar. Paso a la siguiente hoja del paper. La música sigue, las dosis y vidas medias también, la mirada busca dónde seguir leyendo el documento, volviendo a veces sobre un párrafo y pensando qué línea destacar y con qué color. Cuando creo genuinamente que la lectura va bastante bien, provechosa, entendiendo hasta ahora cómo funciona este nuevo fármaco, reconozco una frase con la que Briceño arremete en los parlantes. Una coincidencia precisa, casi diabólica: “a la industria farmacéutica no le interesa sanar a nadie, se alimenta de la enfermedad, cuanto más haya, mejor.  Me río, y cómo no. Al elegir el álbum, el inconsciente probablemente me gastó una sutil broma. Pero la estrofa no solo me causa gracia, hay algo más. Es la última canción. Han pasado 35 minutos y solo llevo 3 putas páginas. «Mierda, por qué eres tan lento». Mientras apuro la lectura, el punteo y el destacado, recuerdo el nombre del tema, Patio de comidas. Y aquí yo con el estómago vacío, que justo ahora me cruje sincronizando con el final del disco, como si fuera un instrumento más. Ya es mucha la casualidad, me digo. «Mamá, voy a comprarme un completo». Termina la sesión. Hojas recién impresas, esquemas y flechas ensayadas, científicos japoneses, ratas de laboratorio, estimada profesora: adiós. Nos vemos mañana en la micro, 40 minutos antes del control de lectura del paper de farmacología. Los esperaré con los audífonos puestos y esta vez, para concentrarme mejor, dream pop en inglés, aunque puede pasar que recuerde esa frase precisa y todo vuelva al mismo curso. Así será. En cualquier caso, no sería la primera vez que nos encontremos en tales condiciones, tan poco pulcras. Una trémula lectura, la mano derecha escribiendo en un papel puesto sobre las rodillas, la otra tecleando una proteína desconocida en el celular. No, definitivamente no sería la primera vez y, aunque no lo quiera, estoy seguro de que tampoco será la última. “Igual me da lo mismo.

domingo, 15 de abril de 2018

El vagabundo

Una noche de invierno se los vio discutiendo en el fondo de la biblioteca, revisando una pila de hojas corcheteadas y maltrechas. Sentados ante el impreso, repasaban los hechos anteriores y construían acaso el bosquejo de un plan. En estos tiempos, de uno de ellos se sabe bien poco, pero se dice con cierta seguridad que vagabundea acompañado de un quiltro y una guitarra por las calles de un pueblo cercano. Hay quienes dicen que se las arregla para ganarse la vida, que guarda libros en una mochila llena de agujeros mal zurcidos y que se le ve bastante contento. Del otro se ha sabido más: tiene familia, dos hijos, está a meses de colgar un cartón más en la pared de su comedor y de recibir las felicitaciones correspondientes, beso y abrazo, gracias compadre, puchas que le ha ido bien, sí, sí, aquí andamos. Hace poco me lo encontré y le pregunté de frente y a secas sobre esa noche. Me contó que lo recuerda a menudo, su amigo, la biblioteca, los libros, las ganas, todo con linda nostalgia. Me dijo que él también ha estado contento y que, encerrado entre dos destinos, la verdad es que nunca se sabe.

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Una vaca degollada
La lengua afuera
Un charco de sangre
En el pasillo
De las hamburguesas
Del supermercado más cercano

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-Instucciones para una protesta ÁNIMA-LISTA
-Los tres sectores de la ECONOMÍA

martes, 10 de abril de 2018

Nubes

Estaban indignados. Alguien estaba borrando los archivos y llenando la nube de poesía. Fue lo primero en tratarse en la asamblea y, a pesar de lo esperado por la directiva, no requirió mayores pesquisas. Entre reclamos y el desorden, un grupo de estudiantes levantó las manos al unísono y voceó su consigna: somos la resistencia.