tendidos en aquel rincón
hemos sido derrotados
no hay hueso que resista
-el de un niño tal vez
más frágil más entero-
viernes, 26 de octubre de 2018
martes, 4 de septiembre de 2018
Carta
Esta
no es ni la primera ni la segunda versión de la carta que intento escribirte,
Manuel. Ya perdí la cuenta, pero ha sido una tarde y cinco tazas de café. Mucha
tinta, no tanto papel. La carta anterior la mantengo sobre el escritorio,
arrugada y con la luz de la lámpara bañándola en cicatrices de sombra, y sigo
buscando la palabra. El resto sigue apilado en el basurero de mi pieza a la
espera de una buena idea para sacarlas directamente a la calle, sin pasar por el
bote del patio, que mamá sin falta revisa, tú bien sabes, nada secreto debe
caer ahí. El perro de los vecinos lleva ladrando todo el día y
recuerdo a Domingo. En el almuerzo mamá dijo algo sobre unas vacaciones, otro poco sobre cuidar a un perro, pero solo entendí cuando empezó a ladrar y mamá dijo que iba
a verlo. Al volver, los ladridos siguieron. Los ladridos, las vacaciones de los
vecinos y entonces Domingo en mi cabeza, ¿por qué tuviste que hacerlo, Manuel?
¿Por qué tuvo que ser justamente así? Las últimas dos tazas las ensayé con el
poco de whisky que quedó en la botella de tu visita anterior, que nada tuvo que
ver con esta, ni con el mensaje que me mandaste con mamá -que seguramente no
entendió-, ni con enfermedades, ni conmigo encerrado en la pieza llorando, ni
con el whisky a solas. La visita anterior fue sin novedades, y sin embargo
esta
lunes, 3 de septiembre de 2018
miércoles, 18 de abril de 2018
Vidas medias
Un disco de los Fother Muckers (o
Föther Möckers, como me gusta
escribirlo) me espera en silencio a dos clics de distancia para aliviar una
hora de estudio de farmacología. Entre lápices, destacadores y una libreta encuentro el mouse inalámbrico, apunto el cursor y disparo: la operación
comienza. Un paper en inglés versus canciones
en español, una decisión que es demasiado obvia para un cerebro tan inquieto. Pero, rato después, la concentración llega a duras penas y
entre riffs y solos de guitarra voy conectando moléculas con receptores, enzimas de impronunciables siglas con traducciones rápidas a punta de googleo; aprendiendo trabalenguas que simulan ser medicamentos nuevos; conociendo a investigadores gringos, europeos y asiáticos et al., que no tardo en imaginar con corbatas y delantales. Intentando plasmar los conocimientos nuevos, lleno
una hoja de la libreta con palabras y garabatos escritos con un lápiz a punto
de secar. Paso a la siguiente hoja del paper. La música sigue, las dosis y vidas medias
también, la mirada busca dónde seguir leyendo el documento, volviendo a veces sobre
un párrafo y pensando qué línea destacar y con qué color. Cuando creo genuinamente
que la lectura va bastante bien, provechosa, entendiendo hasta ahora cómo
funciona este nuevo fármaco, reconozco una frase con la que Briceño arremete en
los parlantes. Una coincidencia precisa, casi diabólica: “a la industria farmacéutica no le interesa sanar a nadie, se alimenta
de la enfermedad, cuanto más haya, mejor”. Me río, y cómo no. Al elegir el álbum, el inconsciente probablemente me gastó una sutil broma. Pero la estrofa no solo me causa gracia,
hay algo más. Es la última canción. Han pasado 35 minutos y solo llevo 3 putas páginas.
«Mierda, por qué eres tan lento». Mientras apuro la lectura, el punteo y el
destacado, recuerdo el nombre del tema, Patio
de comidas. Y aquí yo con el estómago vacío, que justo ahora me cruje sincronizando con el final del disco, como si fuera un instrumento más. Ya es mucha la casualidad, me digo. «Mamá, voy a comprarme
un completo». Termina la sesión. Hojas recién impresas, esquemas y flechas ensayadas,
científicos japoneses, ratas de laboratorio, estimada profesora: adiós. Nos
vemos mañana en la micro, 40 minutos antes del control de lectura del paper de farmacología. Los esperaré con
los audífonos puestos y esta vez, para concentrarme mejor, dream pop en
inglés, aunque puede pasar que recuerde esa frase precisa y todo vuelva al mismo curso. Así será. En cualquier caso, no sería
la primera vez que nos encontremos en tales condiciones, tan poco pulcras. Una trémula
lectura, la mano derecha escribiendo en un papel puesto sobre las rodillas, la otra tecleando una proteína desconocida en el celular. No, definitivamente no sería la primera
vez y, aunque no lo quiera, estoy seguro de que tampoco será la última. “Igual me da lo mismo”.
Escuchar: Patio de comidas - Fother Muckers
domingo, 15 de abril de 2018
El vagabundo
Una noche de invierno se los vio
discutiendo en el fondo de la biblioteca, revisando una pila de hojas
corcheteadas y maltrechas. Sentados ante el impreso, repasaban los hechos
anteriores y construían acaso el bosquejo de un plan. En estos tiempos, de uno
de ellos se sabe bien poco, pero se dice con cierta seguridad que vagabundea
acompañado de un quiltro y una guitarra por las calles de un pueblo cercano.
Hay quienes dicen que se las arregla para ganarse la vida, que guarda libros en una mochila llena de agujeros mal zurcidos y que se le ve bastante contento. Del otro se ha sabido más: tiene familia, dos
hijos, está a meses de colgar un cartón más en la pared de su comedor y de
recibir las felicitaciones correspondientes, beso y abrazo, gracias compadre,
puchas que le ha ido bien, sí, sí, aquí andamos. Hace poco me lo encontré y le
pregunté de frente y a secas sobre esa noche. Me contó que lo recuerda a
menudo, su amigo, la biblioteca, los libros, las ganas, todo con linda nostalgia. Me dijo que él también ha estado contento y que, encerrado entre dos
destinos, la verdad es que nunca se sabe.
Title options
Una vaca degollada
La lengua afuera
Un charco de sangre
En el pasillo
De las hamburguesas
Del supermercado más cercano
Opciones de título:
-Instucciones para una protesta ÁNIMA-LISTA
-Los tres sectores de la ECONOMÍA
La lengua afuera
Un charco de sangre
En el pasillo
De las hamburguesas
Del supermercado más cercano
Opciones de título:
-Instucciones para una protesta ÁNIMA-LISTA
-Los tres sectores de la ECONOMÍA
martes, 10 de abril de 2018
Nubes
Estaban indignados. Alguien estaba
borrando los archivos y llenando la nube de poesía. Fue lo primero en tratarse en la asamblea y, a pesar de lo esperado por la directiva, no requirió mayores pesquisas. Entre reclamos y el desorden, un grupo de estudiantes levantó las manos al unísono y voceó su consigna: somos la resistencia.
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