jueves, 22 de septiembre de 2022

Hacia otra brisa nocturna

traigo mi cuerpo hecho un cuesco de hilos

solo queda la lluvia

en que caes tersa

sobre mis hombros

-tras este espejo empañado

estoy desnudo de máscaras-

 

llevo mi muerte adentro la huelo

como un latido de flor blanca

ahogada de brisas, mis hombros caídos

un segundo a la vez, y entonces

 

cuando llegado el momento 

ante aquel vidrio empapado de negro

me encuentre mudo e inerte

cuando los ruidos blancos discurran

por las paredes de piedra

sonreiré, tal vez

en mi último gesto

sonreiré, espero

de veras lo espero

 

con calma y ternura

un pulmón a la vez

en cada aliento resiste

la carne, el sueño, la lluvia

la sangre de ciervo apacible

la espalda erigida, los ojos cerrados

el cuesco de hilos, tantas veces resuelto

y vuelto a enredar

 

acomodo las tablas y el polvo

pausa en el rellano

en el paso siguiente, recuerdo

 

la herida por fin abarcada

la casa por fin encallada

sus sillas en orden

ventanas en cauce

hacia otra brisa nocturna

al borde de todo, de nada, del duelo

santo y fatal de mi muerte

de la lluvia que cae, tersa

sobre mis hombros

sobre esta piel tallada

que solo entonces

sonreirá, en el último gesto