domingo, 13 de noviembre de 2022
Una niña triste - Margaret Atwood (traducción)
sábado, 12 de noviembre de 2022
Mañana en la casa quemada - Margaret Atwood (traducción)
En la casa quemada estoy tomando desayuno.
Tú entiendes: no hay casa, no hay desayuno,
sin embargo aquí estoy.
La cuchara que se derritió raspa contra
el tazón que también se derritió.
Nadie hay alrededor.
Dónde se han ido, hermano y hermana,
madre y padre? A lo largo de la orilla,
tal vez. Sus prendas están aún en los colgadores,
sus platos apilados junto al lavaplatos,
que está al lado de la cocina a leña,
con su rejilla y su tetera tiznada,
cada detalle claro,
jarro de lata, espejo ondulado,
El día está brillante y sin música,
el lago es azul, el bosque atento.
En el este un banco de nubes
se eleva en silencio como un pan negro.
Puedo ver los espirales en el hule,
puedo ver los defectos en el vidrio,
esos destellos donde el sol les pega.
No puedo ver mis propios brazos y piernas
o saber si esto es una trampa o una bendición,
encontrándome de nuevo aquí, donde todo
en esta casa hace tiempo ha acabado,
tetera y espejo, cuchara y tazón,
incluso mi propio cuerpo,
incluso el cuerpo que tuve entonces,
incluso el cuerpo que tengo ahora
mientras me siento en esta mesa matutina, sola y feliz,
pies descalzos de niño sobre las tablas chamuscadas
(casi puedo ver)
en mis prendas ardiendo, los delgados pantalones verdes
y la sucia polera amarilla
sosteniendo mi inexistente, llena de cenizas,
radiante carne. Incandescente.
jueves, 22 de septiembre de 2022
Hacia otra brisa nocturna
traigo mi cuerpo hecho un cuesco de hilos
solo queda la lluvia
en que caes tersa
sobre mis hombros
-tras este espejo empañado
estoy desnudo de máscaras-
llevo mi muerte adentro la huelo
como un latido de flor blanca
ahogada de brisas, mis hombros caídos
un segundo a la vez, y entonces
cuando llegado el momento
ante aquel vidrio empapado de negro
me encuentre mudo e inerte
cuando los ruidos blancos discurran
por las paredes de piedra
sonreiré, tal vez
en mi último gesto
sonreiré, espero
de veras lo espero
con calma y ternura
un pulmón a la vez
en cada aliento resiste
la carne, el sueño, la lluvia
la sangre de ciervo apacible
la espalda erigida, los ojos cerrados
el cuesco de hilos, tantas veces resuelto
y vuelto a enredar
acomodo las tablas y el polvo
pausa en el rellano
en el paso siguiente, recuerdo
la herida por fin abarcada
la casa por fin encallada
sus sillas en orden
ventanas en cauce
hacia otra brisa nocturna
al borde de todo, de nada, del duelo
santo y fatal de mi muerte
de la lluvia que cae, tersa
sobre mis hombros
sobre esta piel tallada
que solo entonces
sonreirá, en el último gesto
lunes, 12 de septiembre de 2022
Noticia
martes, 30 de agosto de 2022
domingo, 7 de agosto de 2022
Tiro libre
Hola, Sr. Mouat.